miércoles, 27 de enero de 2010

La ambigüedad del viajero




Vengo de un viaje, por eso este blog no se actualizó en los últimos días.
Me encanta viajar, pero a veces me pregunto qué es lo que busco cuando viajo.



Y me lo pregunto porque cuando viajo sin él los lugares pierden un poco de sentido.
Soy una tonta, porque puedo estar frente a la maravilla más grande del mundo, pero pienso que preferiría estar en la Villa 31 con él.
Y lo peor, es que cuando vuelvo y estoy de vuelta con él, reconfirmo lo del párrafo anterior.


Los viajes me generan a veces, la duda de "...qué pasaría si esta vez no vuelvo..."


Parece que a alguien más le pasaba ésto y por ello, en este post vamos a homenajear a la letra de Cadícamo y a la voz de Gardel repoduciendo la letra del tango “Anclao en París”.
Un tango porteño de los años `30 que caracteriza de la forma más certera y precisa lo que yo denomino nostalgia.


“Tirao por la vida de errante bohemio


estoy, Buenos Aires, anclao en París.


Cubierto de males, bandeado de apremio,


te evoco desde este lejano país.


Contemplo la nieve que cae blandamente


desde mi ventana, que da al bulevarlas


luces rojizas, con tono muriente,


parecen pupilas de extraño mirar.


Lejano Buenos Aires


¡qué lindo que has de estar!


Ya van para diez años que me viste zarpar...


Aquí, en este Montmartre, fobourg sentimental,


yo siento que el recuerdo me clava su puñal.


¡Cómo habrá cambiado tu calle Corrientes..!


¡Suipacha, Esmeralda, tu mismo arrabal..!


Alguien me ha contado que estás floreciente


y un juego de calles se da en diagonal...


¡No sabes las ganas que tengo de verte!


Aquí estoy varado, sin plata y sin fe...


¡Quién sabe una noche me encane la muerte


y, chau Buenos Aires, no te vuelva a ver!”




Saludos y salud



Y recuerden que el exilio no es más que una “no opción”, que nadie, o casi nadie se va de su casa porque tiene ganas. Dudo que el migrante esté relacionado a una persona feliz.
Y citando al cantautor César Isella “Uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida… por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso, que el amor es simple y a las cosas simples las devora el tiempo…”


viernes, 1 de enero de 2010

año nuevo a la Mafalda

.


Una de las historietas que más me gusta es Mafalda.
Mafalda, es una niña argentina y su historia se desarrolla desde mediados de los `60 a principicios de la década del `70.

Pertenece a una típica familia porteña de clase media.
En sus historietas la vemos con sus papás, su hermano y sus amigos; en la escuela, en su casa, en el barrio.

La diferencia con otros chicos es su interés por las cuestiones problemáticas que ve en el mundo: “Luchadora social incansable, emite manifiestos políticos desde su sillita con una inocente falta de inocencia. Puede decirse que es una revolucionaria más allá del lápiz y el papel.”

Es una niña que denuncia, juzga y cuestiona el mundo de los adultos.

En principio su autor, Joaquín salvador Lavado, más conocido como Quino, la creó para servir de soporte publicitario de una línea de electrodomésticos llamada Mansfield, pero como este proyecto no pudo llevarse a cabo, posteriormente fue utilizada como historieta, desde 1964, para la revista “Primera Plana”

El personaje físico fue sufriendo las modificaciones que vemos aquí abajo:






Mafalda fue vocera a través de su tira de opiniones simples pero profundas sobre el movimiento tercermundista, los derechos humanos, la represión, el feminismo, la religión, la guerra de Vietnam, etc.

Por eso nos pareció atinado, como mensaje de año nuevo, dejarla hablar a ella:














domingo, 27 de diciembre de 2009

… que no te cierren el bar de la esquina…



Si algo tiene Buenos Aires de interesante son sus bares.



Hace varios años el gobierno de la ciudad elaboró una lista de bares notables que, cuidadosamente fui recorriendo y degustando sus especialidades.

Hay uno que por su estructura, ubicación e historia me parece que merece llevarse todos los olivos y laureles de gloria y encabezar la lista de los bares que merecen la pena ser conocidos y vividos.

Se llama Bárbaro o Bar o Bar y se encuentra en el barrio de Retiro.
Fue fundado en 1969 por iniciativa de Luis Felipe Noé, artista plástico argentino que junto con Ernesto Deira, Rómulo Maccio y Jorge de la Vega fueron los representantes de la escuela pictórica conocida como Nueva Figuración.



Este bar se proponía ser refugio de bohemios, pintores y artistas de la época.
Los rostros en blanco y negro de la fachada fueron pintados Jorge De La Vega y a medida que uno se adentra al bar hay distintas obras pictóricas de los representantes de esta vanguardia.

En principio se encontraba en la calle Reconquista y, en la década del ’80 fue trasladado a la cortada Tres Sargentos, locación donde los que nacimos hace no tanto tenemos que ir para al menos respirar las gotas de arte y talento que todo esa generación nos dejó y de la que poco queda en las actuales sillas del Bárbaro.

Ahora, y como presupuesto lógico del paso del tiempo, parece más un museo para turistas que el lugar de nacimiento y fomento de nuevas expresiones de intercambios culturales.

Sabemos que, como el paso del tiempo, esto es inevitable. No obstante me parece valioso este bar porque es una de las más claras expresiones de los manifiestos de quienes formaban partes de las vanguardias culturales de las décadas de los `60 y `70 cuando decían que el arte se debía diluir en la vida misma y no encerrarse en los museos.

Citando algunas reflexiones de artistas argentinos que sin duda lo expresan mejor que yo, Roberto Jacoby en un mensaje al Instituto Di Tella decía que:


“A los que metódicamente buscan darse en Di Tella 'el baño de cultura', al público en general. Vanguardia es el movimiento de pensamiento que niega permanentemente al arte y afirma permanentemente la historia. En este recorrido de afirmación y negación simultánea, el arte y la vida se han ido confundiendo hasta hacerse inseparables. Todos los fenómenos de la vida social se han convertido en materia estética: la moda, la industria y la tecnología, los medios de comunicación de masas, etc.
'Se acabó la contemplación estética porque la estética se disuelve en la vida social'.
Se acabó también la obra de arte porque la vida y el planeta mismo empiezan a serlo.”

O bien Pablo Suárez le escribió a Romero Brest, criticando a la misma institución anteriormente mencionada que:

“…de plantear situaciones morales en las obras, de utilizar el significado como una materialidad, se desprende la necesidad de crear un lenguaje útil. Una lengua viva y no un código para élites.
(…)
Hoy lo que no acepto es al Instituto que representa la centralización cultural, la institucionalización, la imposibilidad de valorar las cosas en el momento en que éstas inciden sobre el medio, porque la institución sólo deja entrar productos ya prestigiados a los que utiliza cuando, o han perdido vigencia o son indiscutibles dado el grado de profesionalismo del que produce, es decir, los utiliza sin correr ningún riesgo.”

Este post quiere decir algo simple que, espero se llegue a entender.



No está bueno encasillarse cómodos en los museos para contemplar obras de arte, no hay institución, por prestigiosa que sea que pueda definir qué es el arte o quién es artista.



El arte no es un paisaje lindo reservado para un elite cultural, el arte debe tener un contenido, revolucionar, provocar algo, conmocionar, lograr un instante de comunión entre el artista y quien recibe la obra, el arte debe romper barreras todo el tiempo y jamás se debe quedar cómodo en el bastidor ni el atril, ni las vermisages.



Por eso hablamos del Bárbaro, porque fue él una de la expresiones más claras de que el arte fluye y se manifiesta en la vida cotidiana. Ahí debe estar.






jueves, 17 de diciembre de 2009

Lo sostengo de las uñas, no de la cintura.



Antes no tenía nada que perder y, sin embargo estaba perdiendo cosas todo el tiempo.


Ahora tengo a alguien a quien perder y sin embargo creo que cada vez que arriesgo algo, gano 2 mm más de sus cayos.


Lo sostengo de las uñas, no de la cintura.


Quisiera que las horas no pasaran, pero se me pasan cada vez más rápido y eso es bueno.
Estamos en problemas, porque ya no me aucerdo cómo era antes ni tampoco qué es lo que era genuinamente mío o qué le robé.


Alegría de no querer dar vuelta la página y saber que si lo dejo me dejo y si lo pierdo me muero.
Alegría poco terapéutica, no recomendable, objetable.


Alegría de que “Después de todo qué complicado es el amor breve en cambio qué sencillo el largo amor…” (M. Benedetti)


Alegría de que ya no es “Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,y más la piedra dura, porque ésta ya no siente.” (Rubén Darío)


Alegría de tener “…revirgísima inocencia y de los instintos perversitos y de las ideitas reputitas y de las ideonas reputonas y de los reflujos y resacas de las resecas circunstancias…” (O. Girondo)


Alegría de poder afirmarle que “… mudo y absorto y de rodillas, como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido..., desengáñate:¡así no te querrán!” (G. A. Bécquer)


Alegría de preguntarme “¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.” (J. L. Borges)


Alegría de que “…mi sonrisa guarda un amor que asustaría a dios.” (S. Thénon)

ALEGRÍA, alegría, alegría de que “¡Todo era amor... amor! … Amor pasado por agua, a la vainilla, amor al portador, amor a plazos.Amor analizable, analizado. Amor ultramarino. Amor ecuestre. Amor de cartón piedra, amor con leche...lleno de prevenciones, de preventivos;lleno de cortocircuitos, de cortapisas.Amor con una gran M, con una M mayúscula,chorreado de merengue,cubierto de flores blancas...” (O. Girondo)

Alegría por lo que vino, por el vino… tinto, rosado, espumante…





Poemas citados:

- Benedetti, Mario, Bodas de perlas
- Darío, Rubén, Lo fatal
- Girondo, Oliverio, Y de los replanteos…
- Bécquer, Gustavo A., Volverán
- Borges, Jorge Luis, Lo fatal
- Susana Thénon, Poema
- Girondo, Oliverio, Todo era amor

domingo, 13 de diciembre de 2009

Ese gallo te lo pagamos nosotros




Estar en la plenitud de la vida, tener que tomar una decisión importante y hacer un jueguito digno de aplaudirse, puede pasarle a cualquier mortal.
Pero probablemente sea en los momentos cruciales de la vida es cuando se revela la madera de la que uno está hecho. Justamente de esto es de lo que va a versar el post de hoy.

Encontré en la web una página que reúne frases de grandes personajes antes de morir. No vamos a discutir sobre si son verdad o no, cómo podemos confiar en alguien que al morirse un familiar, enemigo o conocido se puso a tomar nota de las últimas palabras de una persona o lo que sea. Las vamos a dar por ciertas, al menos por hoy.

Algunas son realmente buenas. El escritor Honore de Balzac dijo antes de morir: “Ocho horas con fiebre, ¡me habría dado tiempo a escribir un libro”.
Karl Marx le dijo a su enfermera: “¡Largo de aquí! ¡Desaparece de mi vista! Eso de las últimas palabras es para los inútiles que no han dicho lo suficiente mientras vivían.”

Una que me encanta es la Louis Gay-Lussac al decir: “Es una pena irse, esto comienza a ponerse divertido” o la de Antonio José de Sucre “¡Carajo, un balazo!”

Sin embargo, hoy le toca el lugar de honor a un amigo de la casa.

Todos tenemos en claro y al menos hasta hoy no conocí pruebas en contrario, sobre lo copado que fue Sócrates o al menos el Sócrates del que nos hablan Jenofonte y Platón.

Este notable filósofo que utilizaba la ironía, a fin de descubrir la ignorancia y ponerse en un pie de igualdad para, a través de la mayeútica buscar la verdad.
Que luchaba para escapar del lenguaje no analizado que se propusiese como certeza y etc., etc. etc.. y así hasta las seis de la mañana tirándole flores por todo lo que admiro.
Éste hombre, fue condenado a muerte o a destierro por los atenienses.
El amigo Sócrates no quería irse de su ciudad entonces eligió la segunda; tenía que tomar cicuta (planta tóxica de la que se extrae un veneno) y morirse.

Los relatos que de él tenemos nos cuentan que sus amigos estaban tristes y con ese enojo malparido que tenemos cada vez que se comete una grosera injusticia.

En la última charla que nos cuentan que tuvo con sus amigos, Sócrates dijo que padecer una injusticia era mejor que cometerla:
“Si muero injustamente la vergüenza será para los que injustamente me condenen; porque si la injusticia es una vergüenza, ¿cómo no va a ser vergonzoso un acto injusto? Pero ¿sería para mí una vergüenza el que otros no hayan podido en este mi caso ni reconocer la justicia ni practicarla?... Sé también que los sentimientos que inspiraré a los hombres, muriendo hoy, no serán los mismos que inspiren quienes me matan, porque darán testimonio de que jamás hice mal a nadie, y que lejos de corromper a los que frecuentaban mi trato, me esforcé siempre en volverlos mejores” (Jenofonte)

Cuando ya había tomado la cicuta y se le empezaban a adormecer los miembros del cuerpo, previa charla sobre nada menos que la inmortalidad del alma, relatan que dijo una frase que, creo que es digna de reproducirse:

“…Ya tenía el abdomen helado; entonces se descubrió Sócrates, que se había cubierto el rostro, y dijo a Critón: Debemos un gallo a Esculapio; no te olvides de pagar esa deuda. Fueron sus últimas palabras.” (Platón)

Cabe aclarar para no pensar que le debía un pollo a un amigo, que Esculapio es el dios de la medicina, que lo que pedía a Sócrates a Critón era un sacrificio en acción de gracias a ese dios que por la muerte lo libraba de todos los males de la vida.



Citas:
Platón, Diálogos. Fedón, El banquete, Gorgias, Madrid, Austral, 1986, 27º ed., p.112
Jenofonte, La expedición de los diez mil, Recuerdos de Sócrates, El banquete, Apología de Sócrates, México DF, Porrúa, 1994, p. 208
http://www.psicofxp.com/articulos/informacion-general/574784-frases-celebres-antes-de-morir.html

¿Lector, escritor/ preso o protagonista?


A veces la lectura nos da una vuelta de tuerca a nuestro pensamiento llano y entendemos que no siempre la dimensión plana en la que vivimos es la única posible.


De a ratos los personajes nos interpelan o acusan a su escritor porque no les va demasiado el papel que están jugando.


Por ejemplo, en la novela Niebla de Unamuno, el protagonista, el semi joven Wherter encarnado en Augusto lo acusa en los últimos capítulos al autor porque en la novela lo había matado.

Por otro lado hay un graaann cuento de Salvador Elizondo que se llama La historia según Pao Cheng. En ésta al personaje principal le pasa algo poco habitual.


Pao Cheng es un filósofo que se sienta a la orilla del río y se pone a pensar en la historia de la humanidad y se le presenta a él como si fuese una película. De a poco comienza a ver en un pueblo, a través de una ventana, a un escritor… para cureosear se acerca y…


“… “Este hombre está escribiendo un cuento”, se dijo. Pao Cheng volvió a leer las palabras escritas sobre las cuartillas. “El cuento se llama La Historia según Pao Cheng y trata de un filósofo de la antigüedad que un día se sentó a la orilla de un arroyo y se puso a pensar en… ¡Luego yo soy un recuerdo de ese hombre y si ese hombre me olvida moriré…!


El hombre, no bien había escrito sobre el papel las palabras “…si ese hombre me olvida moriré”, se detuvo, volvió a aspirar el cigarrillo y mientras dejaba escapar el humo por la boca, su mirada se ensombreció como si ante él cruzara una nube cargada de lluvia. Comprendió, en ese momento, que se había condenado a sí mismo, para toda la eternidad, a seguir escribiendo la historia de Pao Cheng, pues si su personaje era olvidado y moría, él que no era más que un pensamiento de Pao Cheng, también desaparecería.”


Es decir que quedaron los dos presos del otro, escritor y protagonistas descubrieron que o se pensaban o, a decir de Descartes, dejarían de existir.




Para leer todo este cuento, se encuentra available en: http://www.lalectoraprovisoria.com.ar/?p=2841

lunes, 7 de diciembre de 2009

¿Seguro que somos todas iguales?



Leí tres libros en las últimas semanas.

Tres libros sugieren ser tres opiniones de la vida y, tres libros escritos por tres hombres diferentes sugieren ser tres visiones de tres mujeres distintas.

A veces se peca por exceso, otras por defecto; a mi me puede parece más simpática una u otra, lo bueno es que para cada zapato hay un pie. Veamos

1.
Nos dice el mexican writter Guillermo Fadanelli que:

“Ay de quien se enamore de una cicatriz: jamás volverá a mirar el mundo con calma. Tampoco cuando cierro los ojos soy capaz de dibujar en mi mente las expresiones de su rostro cuando concentraba en sus asuntos lamía mi verga o me mordía las piernas. Que una mujer se atreviera a roerme las piernas ha sido un halago inmerecido pues mis piernas no son más que huesos recubiertos de una piel lampiña que sólo cumple funciones corrientes. En cambio sus piernas despertaban el canibalismo: tensas, hermosas como dos cervatos recién nacidos.”

2.
Nos cuenta Houllebecq, o el personaje que este interpreta que:

“Véronique estaba “en análisis”, como suele decirse, ahora me arrepiento de haberla conocido. Hablando en general, no hay nada que sacar de las mujeres en análisis. Una mujer que cae en manos de un psicoanalista se vuelve inadecuada para cualquier uso, lo he comprobado muchas veces. No hay que considerar este fenómeno un efecto secundario del psicoanálisis, sino simple y llanamente su efecto principal. Con la excusa de reconstruir el yo los psicoanalistas proceden, en realidad, a una escandalosa destrucción del ser humano. Inocencia, generosidad, pureza… trituran todas esas cosas entre sus groseras manos. Los psicoanalistas, muy bien remunerados, petenciosos y estúpidos, aniquilan definitivamente en sus supuestos pacientes cualquier aptitud para el amor, tanto mental como físico; de hecho se comportan como verdaderos enemigos de la humanidad. Implacable escuela de egoísmo, el psicoanálisis ataca con el mayor cinismo a chicas estupendas pero un poco perdidas para transformarlas en putas innobles, de un egocentrismo delirante, que ya sólo suscitan un legítimo desagrado. No hay que confiar en ningún caso en una mujer que haya pasado por las manos de los psicoanalistas. Mexquindad, egoísmo, ignorancia arrogante, completa ausencia de sentido moral, incapacidad crónica para amar: éste es el retrato exhaustivo de una mujer “analizada”.

Por último y, casi de yapa, el punto medio virtuoso que más me gusta. Marechal, en su personaje de Megafón nos dice en un diálogo:

“ -Tengo una mujer que duerme conmigo todas las noches y se despierta conmigo todas las mañanas. Cuadno se acuesta es una diosa y cuando se levanta es un mascarón de proa derretido en sus cosméticos. ¡Adoro sus contradicciones! … ella destruye a su hombre y en seguida se asombra de verlo destruído. A veces me da señales de su defunción inmediata; y cuando me dispongo a llorar en su tumba, ella resucita inesperadamente, se cubre de pimpollos, baila su jazz y devora su estofado como una huérfana. Otras veces, cuando la miro en todo el esplendor de su forma, ella se arruga de repente, se desinfla, cae a mis pies; y le debo insuflar mi propio aire para que no regrese a la nada ¡Yo no se qué haría sin Isabel”
- ¿Se llama Isabel?
- Familiarmente…. la llamo conjunción adversativa….Nací para su amor… y desde toda la eternida vengo sabiendo que a cualquier observación o juicio que yo formule opondrá ella un “sin embargo”, un “pero”, un “auqnue” ineludibles… Ella tiene la virtud, el don o la gracia de oscurecer todo lo claro, enrevesar todo lo derecho, complicar todo lo simplr y hacer dudoso todo lo seguro…”

Ahora, si después de estos testimonios siguen diciendo que todas somos iguales, que me parta un rayo!



Citas de:
Fadanelli, Guillermo, Malacara, Barcelona, Anagrama, 2007, p. 69
Houllebecq, Michel, Ampliación del campo de batalla, Barcelona, Anagrama, 2007, 7º ed., p. 115
Marechal, Leopoldo, Megafón o la guerra, Buenos Aires, Planeta, 1994, p. 185- 186