martes, 5 de octubre de 2010

el desamor rociado con laúdano





Los viejos tienen una antigua receta compuesta por vino blanco, azafrán, clavo, canela y otras sustancias además de opio a la que llaman Laúdano.


Se usó durante mucho tiempo para reducir el dolor: dolor de muelas, dolor de garganta, dolor por no poder dormir, dolor por tener tos.. dolor… denominándose como tal desde el más leve resfrío hasta la más fulminante tuberculosis.
Con la posmodernidad, muchos dejaron de usarlo mientras que otros se dedican a distribuirlo en formato de canciones.


La banda porteña Laúdano en canciones ya no cura tantas dolencias físicas, pero intenta anestesiar las del corazón.
Les dejo, para los oídos doloridos y los corazones resquebrajados, una dosis de la canción Mal de amores.



Tenue como amor en las mañanas.
Si uno espía las persianas, el sol salio.
En cada rincón de mi morada
se halla triste y demorada la solución

Ay! el mal de amores. Ay! que mal mi amor.
Ay! el mal de amores, si no hay besos de colores, mejor me voy!

Duele no sentir esas cosquillas
que te arrastran a la orilla del sin-razón.
Escucho su marcha arremetida,
acelera la estampida del corazón.

Y en las noches de tormenta, soliloquio y a dormir.
Por cosquillas en la panza yo abandono la templanza del no vivir.

Tenue como amor en las mañanas.
Si uno espía las persianas, el sol salio.
En cada rincón del escenario
se halla dulce, estrafalario el mal de amor.

Como un virus atorrante que te arrastra al devenir.
Si no viene yo lo busco, si lo busco se escabulle, así es vivir.

Versión con música y voz en:


www.myspace.com/laudanomusica/music

jueves, 26 de agosto de 2010

me quiero.. no me quiero..??


A veces me odio, me siento un fastidio, la vida me pesa, las horas no pasan, el mundo es un tedio.

Pero... como dice la amiga Susi, otras veces... uno se adora.. y es feliz.. y el cuerpo pesa poco.



canto nupcial (título provisorio)


me he casado

me he casado conmigo

me he dado el sí

un sí que tardó años en llegar

años de sufrimientos indeciblesde

llorar con la lluvia

de encerrarme en la pieza

porque yo -el gran amor de mi existencia-

no me llamaba

no me escribía

no me visitaba

y a vecesc

uando juntaba yo el coraje de llamarme

para decirme: hola ¿estoy bien?

yo me hacía negar


llegué incluso a inscribirme en una lista de clavos

a los que no quería conectarme

porque daban la lata

porque me perseguían

porque me acorralaban

porque me reventaban


al final ni disimulaba yo

cuando yo me requería


me daba a entender

finamente

que me tenía podrida


y una vez dejé de llamarme

y dejé de llamarme

y pasó tanto tiempo que me extrañé

entonces dije

¿cuánto hace que no me llamo?

añares

debe de hacer añares

y me llamé y atendí yo y no podía creerlo

porque aunque parezca mentira

no había cicatrizado

solo me había ido en sangre

entonces me dije: hola ¿soy yo?

soy yo, my dije, y añadí:

hace muchísimo que no sabemos nada

yo de mí ni mí de yo

¿quiero venir a casa?


sí, dije yo


y volvimos a encontrarnos

con paz


yo me sentía bien junto conmigo

igual que yo

que me sentía bien junto conmigo

y así

de un día para el otro

me casé y me casé

y estoy junto

y ni la muerte puede separarme


Susana Thénon










sábado, 26 de junio de 2010



Después de pasar innumerables veces por la Plaza San Martín, descubrí una estatua sumamente linda y sumamente descuidada por todos.

Se trata de Le doute del artista francés Charles Cordier.

Esta obra fue adquirida en 1905 cuando una comisión enviada por la Municipalidad de Buenos Aires viajó a Europa con el objetivo de comprar esculturas para poner en las plazas de la ciudad que, en esos tiempos, casi carecían de ellas.

La obra se compone de dos personajes: uno es un un joven creyente que se encuentra meditando pensativo junto a su Biblia abierta mientras que a su derecha hay un anciano que parece cuestionarlo y haciéndolo dudar.

En la base de la escultura, se encuentra la inscripción Le doute

A pesar de que se pronosticaba falta de aceptación de la obra pues pensaban que se le criticaría el hecho de que el tema de la obra es poner en duda los temas bíblicos, esto no ocurrió así y jamás provocó discusiones religiosas.

Y, como cierre de este post, un poema del amigo Jorge Luis, a la plaza que alberga tan a la tan virtuosa escultura.

La plaza San Martín

A Macedonio Fernández

En busca de la tarde
fui apurando en vano las calles.
Ya estaban los zaguanes entorpecidos de sombra.
Con fino bruñimiento de caoba
la tarde entera se había remansado en la plaza,
serena y sazonada,
bienhechora y sutil como una lámpara,
clara como una frente,
grave como un ademán de hombre enlutado.

Todo sentir se aquieta
bajo la absolución de los árboles
—jacarandás, acacias—
cuyas piadosas curvas
atenúan la rigidez de la imposible estatua
y en cuya red se exalta
la gloria de las luces equidistantes
del leve azul y de la tierra rojiza.

¡Qué bien se ve la tarde
desde el fácil sosiego de los bancos!
Abajo
el puerto anhela latitudes lejanas
y la honda plaza igualadora de almas
se abre como la muerte, como el sueño.

Jorge Luis Borges (en: Fervor de Buenos Aires)

miércoles, 23 de junio de 2010

con pan y vino se anda el CAMINO





Una vieja amiga siempre me dice que no se puede hablar conmigo porque siempre cito a alguien y a ella le parece que, de esa forma nunca digo lo que yo pienso, sino que me escudo detrás de algún pensador, músico o artista para decir mis opiniones.

Otra, me reprocha mezclar siempre en mis sentencias algún refrán.
Para ella y para todos los que disfrutamos de los remates en las conversaciones con refranes va esto escrito hace un par de años:



Romperme en mil pedazos
para no resignar nada.
Para quedarme con la chancha y los veinte,
en la misa y en la procesión.

Llorar a lágrima viva
porque siempre faltan cincuenta para el peso,
porque vemos cien pájaros volar
pero ninguno está en nuestra mano.

Madrugar, para que Dios me ayude.
Arriesgarme para perder.
Chequear con quién ando, para decirme quién soy.

Y después de hacer todo esto,
echarme a dormir
pues ya creé mi fama.








PD: no cumplí con el post anterior, pero por lo menos no escribí durante el trascurso de ningún partido.. jajaja

miércoles, 16 de junio de 2010

.




cerrado temporalmente....



...hasta que termine el mundial







miércoles, 2 de junio de 2010

una .... intermedia .... realidad




Blas Pascal fue un filósofo del siglo XVII que, como toda la gente de la que nos llegan datos por ese siglo, además de filósofo era matemático, físico y francés (la gente de esa época si que aprovechaba el tiempo)

Hay una frase del amigo Blas que me parece sumamente genial y, a la vez sumamente triste:

"Una de las principales enfermedades del hombre es su inquieta curiosidad por conocer lo que no puede llegar a saber."

Y también:

"¿Qué es el hombre dentro de la naturaleza? Nada con respecto al infinito. Todo con respecto a la nada. Un intermedio entra la nada y el todo."

Es la síntesis perfecta de lo que somos: animales – racionales; a la vez que somos individuos, somos seres sociales.
Oscilamos entre la grandeza y la miseria, entre la búsqueda de saber y el escepticismo.

Lo peor, es que esto es lo que más detestamos(al menos, Pascal y yo): ser una contradicción, ser intermedios que aspiran a ser absolutos.


Anoche me di cuenta de algo terrible. Terrible solamente para mí que, para variar soy la convivo conmigo misma todo el día, y la tarde, y la noche-
En el medio de la noche me desperté con una revelación. Supongo que fue producto de algún sueño que no recuerdo ni en parte.
Me di cuenta que no tengo personaje.
Que para algunos soy una cosa, para otros otra; pero que no puedo definirme como nada.
Que no tengo valor más que para ser novia y, siempre que eso genere un moderado placer.
Me recibí hace un poco más de una semana, pero detesto que me feliciten por eso, porque tras esa felicitación sigue la pregunta de qué es lo que quiero, lo que voy a hacer ahora.
Parece fácil, ahora voy a hacer lo que me gusta. Pero después de convencerme de la triste verdad, de que no tengo personaje, la verdad es que no se que voy a hacer.

Pasa antes, pasa después, pero es bueno que pase.

Este intermedio es lo que más odio, como bien acertó Pascal.

Me despido con un poema de Rubén Darío, poeta nicaragüense, representante del movimiento modernista literario de la lengua española, que vivió entre fines del siglo XIX hasta principios del XX (éste solo tiene título de poeta … jajaa.)

Siguiendo la temática que inspiró la creación de este blog, traté de plasmar pensamientos similares en momentos temporales distintos, en geografías y personas totalmente disímiles, para mostrar, como dije al abrir el blog, que “No escribimos desde el suelo, hablamos desde el techo.
Un techo edificado por cientos de pensadores, poetas, científicos, literatos, humoristas, pintores, músicos…que tras ver o escuchar algo sentimos un momento de comunión con ese otro que no conocemos, que no nos conoce, que escribió hace siglos, que compuso desde lugares de los que no podemos ni pronunciar el nombre, que vive dentro de una cultura diferente, pero que nos contruyó un cachito de techo por el que hoy caminamos y al que de vez en cuando hacemos una ampliación.”



LO FATAL


Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,

y más la piedra dura porque ésa ya no siente,

pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo

ni mayor pesadumbre que la vida consciente.



Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,

y el temor de haber sido y un futuro terror...

¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,

y sufrir por la vida y por la sombra y por



lo que no conocemos y apenas sospechamos,

y la carne que tienta con sus frescos racimos,

y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos

y no saber adónde vamos,ni de dónde venimos!...


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PD: la imagen es en alusión a la conocida frase de Pascal: "El hombre es una caña, la más débil de todas, pero una caña que piensa."

lunes, 3 de mayo de 2010

esperando el momento

Cuando uno está ocupado: con mucho trabajo, mucho estudio o muchas obligaciones, acusa a esas cosas como causas de no poder hacer otras cosas.

El presente parece que no es nunca el momento indicado para concretar nada; aparenta no ser más que el nido y hogar de frustraciones, mientras que el futuro se transforma en depositario de todos nuestros proyectos y metas.
Futuro, que más rápido de lo que pensamos se transforma en presente.

Parece que nunca es el momento, que siempre hay un impedimento.

Parece, también, que nunca estamos en el lugar indicado. Que cuando nos vayamos de viaje, o nos mudemos a un lugar muy muy lejano, podremos ser y hacer lo que verdaderamente queremos.

La amiga Rosa Luxemburgo en una carta a una amiga en 1904 recuela su infancia diciendo:

“Era también aquel el más hermoso instante del día, antes de despertarse de la vida oscura, estrepitosa, ruda, machacona, de la gran casa de la vecindad. La augusta calma de la hora matinal se derramaba sobre la vulgaridad del suelo; arriba, en los cristales, chispeaban los primeros oros del sol naciente y, más arriba aún, flotaban nubecillas vaporosas, sonrosadas, antes de disolverse en el cielo gris de la ciudad. Por entonces yo creía firmemente que la “vida”, la “verdadera” vida estaba en algún sitio muy apartado, no sabía dónde, lejos, del otro lado de los tejados. Desde entonces no he cesado de buscarla. Pero no logro darle alcance, pues siempre se esconde detrás de algún nuevo tejado. En fin de cuentas, todo fue una burla cruel para conmigo, ya que la verdadera vida se quedó precisamente allí, en aquel patio en que, por primera vez, leí con Antonio “Los orígenes de la civilización”.



En el libro Tirados en el pasto, que está conformado por varios diálogos entre Andrés Calamaro y Alejandro Rozitchner, los amigos se dicen:

“Andrés: Es que muchas veces no sabemos cuál es el momento de vivir
Alejandro: ¿Cómo?
Andrés: Claro, esperando el momento de vivir, haciendo cosas, preocupándonos por otras cosas.
Alejandro: Esperando vivir.
Andrés: Claro, o sintiéndose out o trabajando, pensando en nuestro problemas, suponemos que vivir es el tiempo que queda entre esos momentos, el tiempo que queda, entonces vivir sería estar aquí echado acariciando el gato.”

Para terminar, en el epílogo de este mismo escrito, Alejandro Rozitchner dice que “…cada vez más entiendo que la posición crítica frente al mundo es depresión y cobardía… Muchas cosas uno no las hace porque siente un injustificado rechazo que se presenta como lucidez pero es en realidad mero temor.”

Resumiendo, esperando la frase perfecta se nos acaba la tinta y, esperando el momento indicado se nos pasa la vida.







Citas:
Rosa Luxemburgo, Cartas de la prisión, Buenos Aires, Colección Papeles Políticos, 1974, p. 50-51
Andrés Calamaro y Alejandro Rozitchner, Tirados en el pasto, Buenos Aires, Sudamericana, 2000, p. 276 / p. 279